La interrogante molesta

Lisandra Andrés Cots y Yisel Martínez García

Llegamos al Parque de la Fraternidad con más de 100 encuestas en las manos, los bolsos, y donde quiera que podíamos guardarlas, lápices de nuestros hermanos, bisturís (el sacapuntas cubano) y bolígrafos.

-“Buenos días. Somos estudiantes de Periodismo que estamos haciendo una encuestas para nuestra tesis, ¿nos la podrían responder?”, era siempre la frase de presentación.

-“¿Una encuesta? Jum… ¿qué es lo quieren saber? Vamos a ver qué preguntan, dámela acá”, respondían de mala gana los taxistas.

Primera pregunta: ¿Cuál es su recorrido diario? Sin problemas. Más adelante interrogantes sobre la cantidad de viajes diarios, el año de fabricación de los carros, tipo de combustible que utilizan, etc.

Pero en el número 8 del cuestionario una interrogante que muchos optaban por dejar en blanco: ¿Cuánto recauda usted mensualmente? Aquí se detenían, respiraban profundo y hasta sonreían algunos.

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-“¿Nos van a subir los impuestos? Mira a ver no pongas la verdad que a lo mejor esto es para probar y ver lo que decimos para después cobrarnos más”, se decían entre ellos, casi entre susurros.

Al final ponían en la casilla un número cualquiera, que a veces rozaba con los límites de lo irrisorio. Cifras que costaba mucho creer que fueran ciertas, pero no teníamos otro remedio. Las encuestas son anónimas y a la hora de llenarlas solo podemos apelar a la sinceridad del encuestado.

Parece que es un síntoma de los “boteros” desconfiar de todo, y todos, y no decir nunca la verdad cuando de ingresos se trata. Aunque no es menos cierto que a la mayoría de los cuentapropistas tampoco les agrada declarar abiertamente sus ganancias. Prefieren mantener estos datos como un secreto bien guardado.

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La historia que salió de la web

Yisel Martínez / Lisandra Andrés

Las clases de Periodismo Hipermedia en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, nos impulsaron a querer hacer siempre más. Un reportaje hipermedia permitía desarrollar, si bien no todas las potencialidades de la web, muchas de las aprendidas en el aula. La Tesis de Licenciatura era la excusa perfecta para llevar adelante el reto y así lo hemos hecho.

Nuestro tema que gira alrededor de los tributos y los boteros, es actual, interesante, y nos dió la posibilidad de hacer realidad aquellas frases tantas veces repetidas por los profesores, de vincular al usuario en la creación de un producto periodístico para la web. Lo difícil era lograrlo, pero igual decidimos intentarlo.

Boteros de la Habana fue el primer paso. Una página de Facebook, que nació en Diciembre y en la que pusimos las esperanzas del nuevo año. En ella empezamos a publicar historias, fotos, experiencias de boteros; para buscar más que nada, lectores; acercar a nuestros amigos, sus amigos y los amigos de sus amigos. Una especie de cadena, que logrará aglutinar la mayor cantidad de personas capaces de leer, opinar y crear junto a nosotras el reportaje hipermedia.

Fue una etapa bien complicada. Muchos compartían nuestros posts, y eso nos daba mayor visibilidad, la actividad en la página incluso creció y llegamos a 300 seguidores; pero lanzábamos preguntas, enlazábamos artículos sobre el tema, y si bien lográbamos algún que otro comentario, nadie nos proponía una historia.

Pero un día llegó Silvia. Apareció un comentario, a un artículo sobre una mujer botera que compartimos en la página. Un usuario nos hizo llegar a la historia de Silvia al enlazarnos a la Mesa Redonda sobre el Empoderamiento de la Mujer.Vimos el reportaje, buscamos al periodista que la había entrevistado y llegamos a casa de Silvia en 10 de Octubre, sin avisar.

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El objetivo fue siempre ese, y lo logramos. Los usuarios llegaron a nuestra página, se quedaron, compartieron, comentaron y se hicieron protagonistas, creadores de un nuevo producto comunicativo. Las clases de Periodismo Hipermedia se consolidaron en la práctica. Silvia nos contó su historia. Una mujer incansable, luchadora, qué podrás conocer al detalle en poco tiempo.

El día que entrevistamos a Rubén

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Lisandra Andrés Cots/ Yisel Martinez García

Rubén casi siempre botea en la piquera del Cotorro, y ahí los choferes son un poco más desconfiados. Ellos piensan que nosotras somos del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) y que venimos a buscarles problemas. Rubén, profesor por mucho tiempo, entiende de tesis y nos dijo que él nos ayudaría, que lo podíamos entrevistar.

El punto de encuentro pactado fue la piquera. Cuando llegó, lo estábamos esperando. Todos nos miraban más de lo habitual porque andábamos además, con trípode, cámara y camarógrafo. Rubén nos saludó con mucho disimulo y nos dijo medio bajito: “Muchachas, entren al carro sin apuro que nos vamos para mi casa. Allá es mejor”.

Fuimos hasta San Miguel. La entrevista trascurrió bien, sin problemas, logramos todo lo que queríamos y además conocimos a su familia, sus hijos, nietos. Los detalles los verán en el reportaje.

Antes de regresar nos comentó que nos había llevado a su casa porque ya éramos conocidas en la piquera. “Ustedes saben cómo es eso ahí”. Un poco antes de llegar, Rubén paró el carro, “no vaya a ser que me empiecen a preguntar qué hacía con ustedes”.

Encuestas en la piquera de La Lisa

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Lisandra Andres Cots / Yisel Martinez García

Esa mañana decidimos hacer encuestas. Queríamos conocer las particularidades de los almendrones, los boteros, su pasado y sus expectativas. Recolectamos más de 20 lápices, sacamos punta como unas locas y decidimos visitar la piquera de la Lisa, a la que nunca habíamos ido. Habíamos logrado imprimir unas 100 encuestas y aunque sabíamos que no lo lograríamos en un solo día, las llevamos.

Cada piquera tiene sus características y La Lisa, por ejemplo a diferencia de San Miguel y el Cotorro, no tiene un espacio para charlas. Los choferes se mantienen en sus carros, haciendo la cola pacientemente, uno detrás de otro. La tarea entonces era más difícil.

Fuimos carro por carro mostrando las encuestas y repartiendo lápices. La mayoría respondió sin problemas, muchos nos sonreían e incluso nos preguntaban sobre el tema, como buscando documentarse, pero siempre hubo quienes no quisieron llenarlas. A esos les decían:“dale compadre, ayuda a las muchachas para su tesis…además así te desahogas”…

Más de dos horas estuvimos con ellos ahí. Hasta pasteles recibimos por nuestro trabajo. Fueron muy atentos y nos ayudaron mucho. Escribimos muchísimo porque algunos decían que ya no se acordaban ni de escribir y además no veían bien.

No pudimos llenar todas las encuestas ese día, además queríamos ir a otras piqueras. Para el resto llevamos lápices y espejuelos.